Misión
La Escuela del Maestro Rolland tiene por objetivo la difusión y enseñanza del Kabash para una vida mejor. No tiene fines de lucro, se mantiene gracias al aporte de Maestros, iniciados, discípulos y muchas personas que han encontrado en el Kabash una solución para sus vidas y sienten la necesidad de que otros también puedan hacerlo. La recaudación de la venta de los libros, cds o dvd es volcada a la edición de nuevas obras. Los maestros no cobran por impartir la enseñanza ni por sus ayudas.
El aporte económico que se recibe por las consultas, orientación y tratamientos místicos, como por los cursos y clases, es destinado al mantenimiento y crecimiento de los centros Nefrú. Por este medio agradecemos a todos los que con su aporte, hacen posible esta obra tan necesaria en la construcción de un mundo mejor. Una enseñanza que hace al hombre ser más humano, más sensible, consciente de que no está solo y que a través del desarrollo de un “Corazón inteligente”, puede transformar su vida y la del otro.
Maestro Rolland | Espíritus guías
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Espíritus guías

El Ka o “el doble” para los antiguos egipcios era un espíritu guía similar al concepto de “angel de la guarda”.


A lo largo de toda mi vida, además de mi ka, la suma Sacerdotisa Astenkeph de los templos de atón, hubo tres espíritus a los que sentí muy cercanos. Todos ellos pertenecientes a  una misma época dentro de la D XVIII del antiguo Egipto, la revolución monoteísta propiciada por el faraón akenatón.

Estos espíritus, que también me guiaron, fueron: la Suma Sacerdotisa Astenkeph, que me acompaña y me ayuda en cada momento. La Suma Sacerdotisa Nefrú de los templos de mujeres y casas de vida y Maestra de la Casa Real de Piedra;  me orienta y orienta también a los que están conmigo la Suma de Sumas Meshu Maat, Madre médica del Alma y Jueza de Jueces Es la que me guía hacia la verdad. y por último, el Sumo Sacerdote y Médico del Sello Real Ka Ptah.

Ellos me enseñaron las bases de la sabiduría del Kabash. Aprendí su filosofía de vida, sus diversas formas de ayudar y el propio Médico Ka Ptah me enseñó los secretos  de las agujas sagradas. Un maravilloso instrumento de cura que en épocas faraónicas, sólo se aplicaba a la familia real. Únicamente el Faraón Akenatón dispuso que esas agujas sirvieran también para beneficiar al pueblo.

Y yo me siento muy emocionado con ese espíritu porque, posiblemente, él me llevó a la medicina, me llevó a estudiar medicina. Me llevó a estudiar psicología, me llevó a estar con enfermos. Y también formé una clínica, formé médicos, los formé a ellos para que también, dentro de esa sabiduría, sean médicos.  Quiere decir, con la ayuda de él hemos hecho muchas cosas.

Antes de empezar a tratar con la medicina que él me enseñó pasé muchos años con ratones, con ardillas, hamsters, haciendo tratamiento con agujas.  la verdad es que me sentí feliz, noches enteras, hasta las 4 o 5 de la mañana. Al otro día empezaba el consultorio, a veces a las 10 de la mañana, pero yo estaba hasta las 4 o 5 de la mañana con las agujas, haciendo distintas terapias en los ratones. Porque, antes de empezar con los humanos, yo tenía que haber aprendido con Ka  Ptah en los ratones y en los hamsters el tratamiento de las agujas sagradas. La verdad es que me hizo muy feliz este espíritu, y me hace feliz ahora en cada momento.

 Y todos los días, agradezco a cada uno de ellos.  Agradezco a Dios, primero a Dios, que me dio la vida, y todo lo que me dio en la vida lo agradezco.
Después los espíritus que puso en mi vida, que son como mensajeros. Uno que me orienta, otro que me guía y otro que me protege, y así siento que tengo que agradecer todos los días.  Todos los días  siento que  cuanto más doy, más recibo.  Y cuanto más enseño lo que ellos me han enseñado, que es la forma de dar  como maestro, más recibo. Soy el hombre más rico de la tierra, soy el hombre más feliz de la tierra.

Cuánto me gustaría que mis discípulos fueran ricos como yo, fueran felices como yo, y que tengan mi salud a mi edad, y que puedan tener los mismos deseos de vivir como los tengo yo, y que puedan sentirse jóvenes, tanto por dentro como por fuera, superando los años, que, ya para mí, los años se transformaron sí en relativos, porque quiero seguir al lado de mis espíritus y al lado de mi médico, que me orienta y me aconseja cómo vivir y cómo caminar.
Quiero decirles a Uds. que el día de mañana lo que yo tengo va a ser de Uds., lo que yo tengo va a ser de Uds.  Y los que me acompañan a mí, también quiero que los acompañen a Uds.

No son santos. Yo creo que cada uno cree en Dios a su manera. Hay millones de religiones. Mismo la religión cristiana, dentro de un templo cristiano, si hay 100 personas que se arrodillan frente a Cristo, hay 100 formas distintas de sentir a Cristo, cada uno lo siente distinto. A la virgen, cada uno la siente distinta.
Yo creo que lo siento distinto a Jehová que como lo sentía mi padre o como lo sentía mi madre, que vengo de una religión judaica. Yo estoy seguro que cada uno lo sintió distinto.

 

 

Hay hombres que marchan hacia la muerte
y otros que caminan hacia la eternidad.

 

Conocida comunmente como Kiya, ella se presenta como Suma Sacerdotisa Astenkeph.

 

        


 “Crece a través de tus meditaciones y sentirás el aliento Divino en tu corazón.”

Suma Sacerdotisa Astenkeph
Dinastía XVIII A.E.